Reserva cognitiva: por qué estudiar y aprender protege el cerebro
Oí decir que quien estudió más tiene menos riesgo de demencia. Yo salí de la escuela pronto, ¿ya no hay nada que hacer?
Hay mucho que hacer. Y la explicación de por qué es, probablemente, la idea más alentadora de toda esta área.
Qué es la reserva cognitiva
Dos personas pueden tener alteraciones cerebrales parecidas y mostrar síntomas muy diferentes. Una de ellas se mantiene funcional durante más tiempo, a pesar de que el examen muestre las mismas lesiones. La explicación más aceptada es la reserva cognitiva: un cerebro con más conexiones y más caminos alternativos aguanta mejor los daños, porque sortea lo que ya no funciona.
La reserva se construye con la actividad mental a lo largo de la vida. La escolaridad formal en la infancia y juventud es la mayor contribución aislada, y es por eso que la Lancet Commission sitúa la baja escolaridad entre los factores de riesgo modificables para la demencia —el único que se juega enteramente en la primera parte de la vida.
Por qué no termina en la escuela
Esto es lo que interesa a quien ya no está estudiando. La reserva no es una cuenta que se cierra a los 18 años: sigue construyéndose con lo que se aprende después. Las directrices de la Organización Mundial de la Salud recomiendan el entrenamiento y la estimulación cognitiva para adultos con cognición normal y también para quienes ya tienen un déficit cognitivo leve, y señalan el aprendizaje a lo largo de la vida como forma de construir reserva.
Aprender un idioma, aprender a tocar un instrumento, hacer un curso, aprender a usar el ordenador o el móvil en serio, leer sobre un tema nuevo, jugar a un juego que obligue a pensar. Lo que parece contar no es la dificultad en sí, sino el hecho de que sea nuevo —el cerebro construye conexiones cuando tiene que aprender, no cuando repite lo que ya sabe de memoria.
Una nota sobre la culpa
Quien salió de la escuela pronto rara vez lo eligió. Fue la familia que necesitaba el salario, fue el pueblo sin escuela cerca, fue el tiempo en que era así. Leer que la baja escolaridad es un factor de riesgo puede sonar a acusación, y no lo es: es una descripción de cómo el riesgo se distribuye en una población, no un juicio sobre su vida.
Lo que la misma investigación dice, y que interesa más, es que la parte de la vida que aún está por delante sigue contando.
Qué hacer con esto
Elija cosas que pueda mantener. Una actividad nueva que abandone al cabo de dos semanas vale menos que un hábito modesto que dure años. Y, si es posible, elija algo que combine aprendizaje con convivencia —un grupo, una clase, un coro. La estimulación cognitiva y la vida social aparecen juntas en las recomendaciones de la OMS, y combinadas valen más que separadas.